Una de las premisas peor disimuladas de la publicidad es la exageración. Cualquiera que sea el producto que se quiere vender e independientemente de la calidad que atesore y la distancia que exista entre esa calidad y la “verdad” que se quiere propagar, por lo general se tiende a exagerar. Ya sea por la creencia de que exagerando las cualidades y ventajas del producto se llega antes al consumidor (…)