Lo encuentro en el antiguo bosque de Montmorency, tocado con un gorro como de cosaco y vestido con un largo ropón a la manera de los antiguos armenios. Me invita a herborizar con él y le ayudo a recoger plantas y semillas, que luego guarda cuidadosamente en pequeñas bolsas. “Herborizar –me cuenta– es la gran pasión de mi madurez” (…)
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