A finales de los noventa, cuando estaba investigando para escribir mi tesis doctoral sobre los cómics, ya se escuchaban opiniones encontradas sobre el impacto de las nuevas tecnologías en este arte secuencial. Scott Mc Cloud y Gary Groth se enzarzaban en grandes debates en las mesas redondas de convenciones y festivales. Abrían así densas discusiones sobre el universo digital y la diseminación del cómic (…)
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