Mi médica y yo fuimos a recogerle a su hotel porteño en un enero bochornoso del verano austral en que el Río de la Plata escupía vaharadas de humedad sobre Buenos Aires y subía la sensación térmica de 30º centígrados. La familia Polanco es cardiópata y a don Jesús le habían quitado el tabaco y, alejado de cualquier deporte, le habían impelido a andar enérgicamente (…)
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