LEER se ha ocupado tradicionalmente de escritores etiquetados con el indeseado marbete del malditismo, por creer en esta Casa que las convicciones del creador, del tipo que sean, por muy transgresoras, heterodoxas o disolventes que resulten, no significan necesariamente que quien las profesa no pueda alcanzar las más altas cimas de la excelencia literaria. Los nombres de Genet, de Gingsberg y sus compañeros de fatigas literarias de la Generación Beat, son dos ejemplos entre otros muchos.
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