Un idioma se aprende desde la infancia gracias al oído, escuchando e imitando las voces del entorno, pero se fija, se prolonga y alcanza perduración merced a la escritura. Las expresiones orales, los giros e incluso la fonética y la entonación pueden sufrir modificaciones, a veces debidas a modas pasajeras; hasta en el léxico se producen pérdidas de vocablos e incorporaciones de palabras y términos nuevos (…)
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