A Gonzalo Torrente Ballester tardó en llegarle el reconocimiento que se merecía. A cambio, y felizmente, después de casi doce años de su fallecimiento, en ese período en que se dice que los escritores están olvidados en una suerte de purgatorio (ya no están en este mundo y todavía no han entrado en el olimpo de los clásicos), la obra de Torrente Ballester está perfectamente viva (…)
(Ver texto íntegro en la edición impresa)
|