Todo viaje lleva implícita la necesidad del regreso. Penélope lo sabía y por eso tejía a diario, manteniendo la distancia con los pretendientes, deshaciendo la madeja de la esperanza que habría de iluminar el laberinto en el que se hallaba el héroe de La odisea. También sabía que el viaje está lleno de obstáculos y tentaciones; que es muy difícil avanzar sin buscar el punto de partida con la mirada (…)
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