Dice haber abandonado esa poesía catártica, “para desahogar mis dolores
y convertirlos en algo bello”, que puso en órbita su carrera con su
primer libro, Diario de una niña de provincias que se vino a vivir en
un Chagall, que fue Premio Adonais. Aquel caballo, en palabras de Juan
Cobos Wilkins, que cabalgara en las primeras páginas de su poemario
de juventud regresa con nuevos bríos en Los archivos griegos (…)
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