LEER recupera una sección con la que ya contó en su primera etapa y que en su momento fue pionera en mostrar las bibliotecas personales de figuras relevantes de la sociedad y la cultura. Esta nueva serie comienza con una personalidad de fuste, Enrique Múgica Herzog, Defensor del Pueblo y reconocido bibliófilo.
Enrique Múgica (San Sebastián, 1932) significa más de medio siglo de izquierda española. Desde que animara decisivamente los sucesos de febrero de 1956, la primera contestación al franquismo que tuvo lugar en el seno de la universidad madrileña –y que Pablo Lizcano documentó y contó en su libro La Generación del 56, editado por LEER–, Múgica militó en el PCE en la clandestinidad y pasó por la cárcel en numerosas ocasiones. En una de sus estancias en el penal de Burgos se cayó del caballo y se convirtió a la socialdemocracia, evolución que le llevaría a ingresar en el PSOE para desempeñar un papel fundamental en la refundación del partido y en su camino a la gran victoria electoral de 1982. Ministro de Justicia entre 1988 y 1991, desde 2000 ocupa el cargo de Defensor del Pueblo, figura institucional independiente e inviolable, consagrada por la Constitución como una de las patas de banco del ordenamiento jurídico.
Además de por su relevancia política, Enrique Múgica es una figura apropiada para retomar esta serie de reportajes de bibliotecas personales por su condición de indiscutible bibliófilo, algo que se advierte nada más atravesar el umbral de su casa. Su mujer, Tina Díaz –escritora, al igual que su hijo Daniel–, nos guía en un primer recorrido, y es la más indicada para hacerlo porque, según confiesa, es ella la responsable de mantener cierto orden en esta casa-biblioteca y evitar que la masa de libros, que reviste las paredes de prácticamente todas las estancias salvo el dormitorio, no termine por resultar agobiante. Aunque no saben exactamente el número de volúmenes que tienen, calculan que pueden rondar los 15.000. Una cifra que no les disuade de seguir engordando la biblioteca doméstica. Múgica es un gran aficionado al libro de viejo, y sus visitas semanales a la Cuesta de Moyano suelen resultar fructíferas.
¿Cómo nace en usted el amor a los libros? (…)
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