No pretendemos, una vez más, un parafraseado fácil de la célebre pieza teatral de Fernando Fernán-Gómez sobre las bicicletas. Simplemente es la experiencia, un estío más, de que en los meses de junio a septiembre hay más tiempo libre y puede uno deslizarse por el sueño en vigilia de la lectura. Los cuatro libros que aquí se comentan se leyeron precisamente en esa época, en circunstancias muy distintas (…)
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