La portada y diez páginas de LEER, el mes pasado, unían nombres a su pasado de hombres: los “directores de memoria” (Milan Kundera, en Une rencontre). Un caso diferente: l’Herne, atípica editorial, traduce al francés dos libros publicados en rumano. Y dedica cuaderno a un escritor que, de joven, fue tan extremista como la mayor parte de sus coetáneos (…)
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