Extraña, al acercase por primera vez a las estanterías del Salón de los Frescos de la Biblioteca de El Escorial, comprobar que todos los libros están colocados al revés, esto es, con el lomo de la encuadernación hacia dentro, de tal forma que no sabemos nunca, a no ser que miremos la numeración que en el catálogo le corresponde, de qué libro se trata (…)
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