Catedrática de Historia de las Ideas Morales y Políticas, la síntesis descriptiva de la peripecia intelectual de Carmen Iglesias se quintaesencia con una circunstancia ciertamente de excepción: es doble académica, la única mujer académica de número de las dos Academias más antiguas y de más prosapia de España, la de la Lengua y la de la Historia. Una mujer atenta a los movimientos del mundo y los signos de los tiempos que nos regala una obra que supone un ejercicio riguroso de diagnosis de la realidad de España a partir del estudio de su Historia: No siempre lo peor es cierto. Contra “la interpretación tipográfica de la Historia” o “la España en off-set”: la realidad entendida como una selección de color, en blanco y negro, en azul y rojo. Y en amarillo.
La señora que me recibe en su despacho ultramoderno y acristalado, inundado de luz, es dama importante. Se llama Carmen Iglesias Cano y este conversador le agradece hondamente el sentirse incluido en la escueta dedicatoria de su último libro: “A mis amigos”. Y en la dedicatoria manuscrita, la plasmación, de su puño y letra, de coincidencias y afectos antiguos, después de tantos años. Currículo interminable, apabullante, bibliografía igualmente de impresión. Catedrática de Historia de las Ideas Morales y Políticas (Complutense, Rey Juan Carlos), la síntesis descriptiva de su peripecia intelectual se quintaesencia con una circunstancia ciertamente de excepción: es doble académica, la única mujer académica de número de las dos Academias más antiguas y de más prosapia de España, la de la Lengua (RAE, “La Española”) y la de la Historia (RAH). Premios, galardones, reconocimientos, todos. Acaso uno de los más elocuentes sea su condición de mentora de príncipes, preceptora del de Asturias y de la Infanta Cristina durante años.
Es Carmen, pues, una mujer extremadamente culta, con esa cultura y curiosidad multidisciplinar, atenta a los movimientos del mundo y los signos de los tiempos, interesada por todo, desde la comunicación a la neurobiología. Y como mujer culta, es, asimismo, poderosa. Sus adornos, títulos, reconocimientos, cargos, han sido ya brevísimamente sugeridos. Menos uno: es también la presidenta de Unedisa, Unidad Editorial, SA, el ampuloso y mastodóntico holding que tiene como buque insignia el periódico El Mundo.
Mujer de silueta de izquierdas –familia con raíces anarquistas–, que mantuvo durante los años duros del régimen de Franco, la década de los 60, una buena relación con los comunistas de la Universidad, lo que le llevó a ser etiquetada erróneamente como miembro del PCE, aunque ella sólo militara en el FLP de Julio Cerón, el famoso Felipe, durante cuatro años, hasta su fragmentación en 1969.
Cortés, amable, educada, es de esas personas tan inusuales que, además de preservar celosamente su vida privada más allá de sus tareas intelectuales, profesionales y docentes, incluso habla bien de su ex marido, un conocido economista del que se divorció hace muchos años y con el que mantiene una óptima relación personal.
Y es, también, una mujer libre, utiliza coloquialmente –y hasta escribe– la expresión “El Mundo mundial” –una locución ridiculizadora que ella usa obviamente con diferente intención– con distraída naturalidad, la misma con la que elige la fotografía de la solapa de su último libro, una buena instantánea firmada por G. Lejarcegui/ El País.
Y de la excelencia de su larga obra da prueba no sólo su abrumadora biografía, también su último libro, de reciente aparición en las librerías, del que ya se ocupó esta Revista en amplia y elogiosa reseña en el Número 200: No siempre lo peor es cierto, tomado de una comedia calderoniana –y otro clásico en la sobrecubierta: Goya, con un detalle de su obra “Niños jugando a soldados”–, una compilación de ensayos, precedidos de un luminoso “Prólogo” para el que a este conversador se le ocurre un destino: ser editado como opúsculo, como separata, y enviárselo, para que lo copien cien veces, a algunos de sus compañeros académicos y mediáticos.
Porque Carmen, en el citado prólogo, en algunos de los ensayos del libro, lleva a cabo un ejercicio libérrimo y riguroso de diagnosis de la realidad de España a partir del estudio de su Historia, del que se desprenden no sólo el origen y etiología de las dolencias –para recurrir a las metáforas orgánicas, tan caras al regeneracionismo–, también los posibles remedios. La primera reacción en un lector menos avisado que causa su lectura es la de pensar que España está en manos de una clase dirigente algunos de cuyos miembros más relevantes son iletrados cercanos al analfabetismo profundo, sociópatas y psicópatas o las tres cosas a la vez, que llevan hasta su extremo más enfermizo la intuición de Montesquieu –otro de los campos de especialización de Carmen– según la cual la condición humana acredita “un afán de poder sin límites”. Es decir, una desquiciada voluntad de dominación y control, de esclavizar a sus semejantes.
Su diagnóstico, pues, es en este libro tan riguroso como formalmente educado –en el que quizá, aunque sea una característica universitaria muy generacional, utiliza una algo excesiva cantidad de citas–, con una manifiesta voluntad de rigor de su autora y de rehuir cualquier veleidad de subjetivismo, de aprehender el pasado, en toda su más densa complejidad historiográfica, para aprender a resolver el presente y acaso también el futuro. La Historia como madre de conocimientos y enseñanzas para ordenar la vida libre y armónica de los hombres en comunidad, huyendo de errores ya cometidos y conocidos a través de la constatación empírica que es requisito primero del pensamiento científico. La Historia. Y desmontando con testimonios, estudios rigurosos, vastas bibliografías, los mitos de la excepcionalidad de lo español, las leyendas blancas, negras o gris marengo, los reduccionismos suicidas y pendulares de las dos Españas, de las realidades en blanco y negro, en azul y rojo. O en amarillo. Precisamente el color que impera de manera asfixiante –si hemos de vincular, a partir de aquel legendario Yellow Kid, tal color, el único que faltaba en la gama de las selecciones de color de off-set, junto con el azul, el rojo y el negro, con el más desbocado sensacionalismo informativo– en las mallas mediáticas por causa de su manipulación política y la sustitución de profesionales avezados por los más desvergonzados e ignorantes propagandistas. España en off-set. Y agradecida. Especialmente con Gonzalo Anes, director de la Academia de la Historia, y con sus dos principales maestros, Luis Díez del Corral y José Antonio Maravall, padre del que fuera ministro de Educación en 1982 con el primer Gobierno socialista, dimitido por aquellas revueltas que protagonizó “El cojo Manteca”. Habla Carmen. De España.
Tu idea de España sigue inalterable, sigue siendo la misma a pesar del transcurso de los años. Siempre has mantenido una gran coherencia intelectual en este asunto. ¿Qué idea has perseguido? ¿Por qué has elegido a Calderón para el título de tu libro, un autor tan característico de “lo español”, no precisamente ameno? (…)
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