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Abril 2009
Año XXV

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Dios vs ateísmo: Debate abierto
José Manuel Vidal

La nebulosa “Helix” (“Hélice”), conocida como “El ojo de Dios”, con una dimensión de dos años luz desde un extremo al otro, es una buena metáfora para ilustrar la controversia entre la idea de Dios
y la Ciencia.
¿Es posible creer en Dios después de Darwin? Cuando se acaban de cumplir los 200 años del nacimiento del genial pensador inglés y el 150 aniversario de su obra cumbre, El origen de las especies, vuelve a plantearse la vieja batalla entre la Ciencia y la fe, entre la creencia y la increencia. Es la lucha titánica de dos cosmovisiones antagónicas que resucita. Porque ni el autor ni el libro ni el tema han perdido actualidad. De hecho, hasta el Vaticano ha abierto el debate para conciliar a Darwin y a Dios. El universo que conocemos, incluido el ser humano, es el fruto de una evolución casual basada en la selección natural, y no existe un diseño inteligente del mundo tal como pregonan algunas corrientes intelectuales surgidas principalmente en EE.UU. Eso es lo que, dos siglos después del nacimiento de Charles Darwin, la Iglesia católica está dispuesta a sostener, siempre que se acepte que afirmar la evolución no significa negar la existencia de Dios (…)

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Ciencia y religión
por José Manuel Sánchez Ron

Sea cual sea la postura personal que se sostenga en esta materia, lo que no se puede negar es que las creencias religiosas han constituido (y constituyen) una fuerza de extraordinario poder a lo largo de la Historia de la Humanidad. Y como los cánones religiosos suelen contener afirmaciones relacionadas con el pasado y futuro tanto del universo como de la vida –de toda la vida, pero sobre todo de la humana, que ocupa un lugar preferente en las reconstrucciones religiosas–, es lógico que se hayan producido conflictos entre la religión y la Ciencia (…)

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¿De dónde venimos, qué somos, a dónde vamos?
Entre Gauguin y Darwin
por Juan A. Herrero Brasas
Charles Darwin, a los 30 años, en su retrato de boda. Realizado en acuarela por George Richmond.,
La percepción que yo tengo de Darwin, y de su generalmente ignorado formulador en paralelo, Alfred Russel Wallace, es la de dos grandes científicos que dieron una primera contestación a aquello que luego Gauguin escenificó, inolvidablemente, en su célebre tríptico “¿De dónde venimos, qué somos, a dónde vamos?”. A propósito de esa frase: en 1996, un viaje de vuelta al mundo –de sólo 17 días, frente a los cinco años de Darwin, y perdón por tal comparación– que hice con mi mujer (…)

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El evolucionismo y sus ramificaciones
por Juan A. Herrero Brasas
Darwin como simio, dibujado como reacción ante la publicación de “El origen del hombre” (De “Hornet”, 22 de marzo de 1871).
En la segunda mitad de 1858, Charles Darwin recibió una carta de Alfred Russel Wallace en la que éste, cándidamente, le pedía su opinión sobre una serie de conclusiones a las que había llegado en relación a los mecanismos de la evolución. Al darse cuenta de que ésas eran las mismas observaciones y conclusiones sobre las que él había estado meditando a lo largo de años, Darwin se apresuró a redactar El origen de las especies (…)

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Estudio David Navarro