A comienzos de 1956, los operativos de agitación en la universidad urdidos por jóvenes estudiantes
–el actual Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, el más notorio de todos ellos– e inspirados
fundamentalmente y desde la distancia parisina por el Partido Comunista, provocaron, 17 años
después de finalizada la Guerra Civil, la primera gran crisis del régimen de Franco, algo inesperado
que sorprendió a sus propios organizadores, al contemplar cómo las algaradas estudiantiles, la
firma del consiguiente Manifiesto, provocaban la caída del ministro de Educación, Joaquín Ruiz-
Giménez, del secretario general del Movimiento (el partido único del Régimen), Raimundo
Fernández Cuesta, y del rector de la Universidad de Madrid, Pedro Laín
Entralgo.
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