Nro 171 - Abril 2006   Revista Leer - info@revistaleer.com  
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La Conversación

Pío Caro Baroja, sobrino de “el tío Pío”
por José Luis Gutiérrez

La persona que habla, su estampa, sus palabras quedas de antiguo hablador que se recrea en los encuentros con sus amigos –es el segundo momento en los últimos años en el que coincido con él– suscita en este conversador hondas sensaciones, y no sólo a través de los mecanismos de la evocación. Es Pío Caro Baroja, madrileño, 77 años, sobrino de “el tío Pío” –así nombra siempre al autor de Las aventuras de Shanti Andía, cuyo cincuentenario del fallecimiento se alcanza en el mes de octubre de este 2006–, y toda su conversación se esmalta con las alusiones al linaje formidable y omnipresente de los Baroja, de los que es hoy gran albacea familiar. Memorialista, autor de varios libros, editor, director de numerosas películas y documentales –aunque él insiste, sobre todo, en su condición de cineasta–, de opúsculos, de ensayos sobre el Séptimo Arte, de guiones cinematográficos.

Tras revisar su libro de memorias mexicanas El gachupín. En busca de la juventud perdida (Pamiela; Pamplona, 1995) los recuerdos y escenarios compartidos, a pesar de las diferencias generacionales, se entretejen en la conversación, y este conversador promete a su pausado interlocutor ocuparse en un futuro próximo, con mayor extensión y detalle, de recoger los escenarios, paisajes y personajes del México que ambos respiramos, de las gentes, de los nombres que van surgiendo, casual, inopinadamente, en la plática: León Felipe, Luis Alcoriza, Luis Buñuel, Carlos Velo, Santiago Genovés, Eulalio Ferrer.

Estamos en su despacho madrileño de la editorial Caro Raggio, la firma editorial familiar, rodeados de libros –en un cercano velador Los Baroja, de Julio Caro Baroja, su hermano, ya desaparecido–, de los soberbios y coloristas cuadros y dibujos de don Julio iluminando las paredes, y en presencia del hijo de mi interlocutor, también Pío Caro, hombre joven que trastea, mientras conversamos, con un moderno ordenador portátil, que se ocupa de preservar y administrar el legado familiar y los derechos de autor de la saga.

Habla del gran prócer de la comunicación Eulalio Ferrer –“Ahora está ya viejecito. Amigos íntimos durante tanto tiempo, aunque se enfadó conmigo por un par de cosas que escribí en El gachupín– y, antes incluso de que le pregunte, se mueve en el gran sillón que ocupa y rescata un breve papel de uno de sus bolsillos: “Umbral tiene una obsesión verdaderamente patológica con mi tío, que yo atribuyo a su inmenso complejo de inferioridad, sencillamente porque él no es novelista. Yo creo que cuando Umbral deje de escribir esos chascarrillos que escribe, el muy pelotillero, nadie se acordará de él”.

Pío Caro sin duda responde a un texto muy reciente del escritor Francisco Umbral, muy severo y crítico con la figura literaria de Pío Baroja. Le menciono el valor de algunas obras de Umbral e insiste, con un tono de leve enfado: “Es un pelotillero. Recuérdese la pelota que le hacía a Camilo J. Cela en vida para, nada más morir, ponerle verde en un libro. Con mi hermano [Julio Caro Baroja, ya fallecido] tuvo también algunas palabras, tras pedirle su apoyo para ingresar en la Academia de la Lengua”.

¿Cuántos años estuvo usted en México?(...)

(Ver texto íntegro en la edición impresa)




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