| La reciente campaña electoral, con toda su larga historia de incidentes, peculiaridades y excentricidades –en primer lugar, su insólita y agotadora duración: durante varios meses previos al 9-M, toda iniciativa de los políticos tuvo la inequívoca marca del electoralismo más o menos explícita–, ha puesto de manifiesto, una vez más, la condición de “diferente” de la democracia española, estigma adverbial que sigue apareciendo y desapareciendo de nuestra vida pública, como si arrastráramos a modo de guadianesca y bíblica maldición aquel eslogan del “Spain is different” que puso en circulación Manuel Fraga cuando Fraga era el Fraga Iribarne tronante, ministro de Información y Turismo, en los años sesenta. Y a pesar de que algunos hispanófilos y escritores anglosajones amantes de la cultura española traten de despojarnos de todos esos incómodos ropajes cortados a base de tópicos, leyendas más o menos negras y hasta gris marengo y clichés que se encierran en el dichoso eslogan. (Uno de tales expertos se preguntaba en torno a una curiosa y reveladora anécdota, sobre algo que nadie le ha sabido explicar hasta ahora: por qué tantos turistas ingleses que regresan a su país tras visitarnos, cargan con uno de esos gigantescos sombreros mexicanos como souvenir de España).
Prensa: También different
Pues bien: una de las cosas que hacen que España siga siendo diferente es la situación de su Prensa, no sólo los medios, la ocupación de sus redacciones, su propiedad y la utilización política de los mismos. Todo el denso formulario teórico que caracteriza a la Prensa de las sociedades democráticas avanzadas, sus controversias, vindicaciones y debates están ausentes de nuestro país, donde el universo mediático cada vez se parece más –con los inevitables “odres nuevos” de los signos de los tiempos– al de los últimos años del franquismo. Así –different nuevamente–, nadie habló, por ejemplo, de tan trascendental asunto en la campaña electoral, y ninguna democracia puede recibir tal nombre si no garantiza la independencia más o menos efectiva de los mass media y la igualdad de oportunidades mediáticas de los contendientes. No ya los socialistas, por razones obvias –salvo un breve comentario de Zapatero, más cercano a la osadía propagandística que al simple análisis de la cuestión–, sino, ni siquiera, el principal partido de la oposición, cuyo generalizado y legendario despiste –demasiado bueno el resultado obtenido por los populares, más de diez millones de votos, tras haber realizado tan ímprobos y denodados esfuerzos encaminados a perder las elecciones– alcanza cotas cercanas a lo metafísico.
IPI y CPJ en Madrid
La situación de la libertad de Prensa en España, como en el pasado, comienza a interesar a medios internacionales que observan con preocupada curiosidad lo que ocurre en nuestro país, tan ajeno y alejado de las pautas profesionales que impulsan a los informadores de las democracias occidentales.
Este Editor, estudioso desde siempre de todo lo que atañe a los mass media y la libertad de palabra, expresión y pensamiento, miembro asimismo de las principales organizaciones internacionales de defensa de la libertad de Prensa, cuyo ejercicio no es otra cosa que la utilización cabal de uno de los Derechos Humanos fundamentales, en fechas recientes ha podido mantener una larga conversación con el nuevo director del Instituto Internacional de la Prensa (IPI) con sede en Viena (Austria), durante una breve visita suya a Madrid. David Dadge, inglés de 41 años que sucede a su antecesor Johann P. Fritz al frente del IPI, accede a la Dirección del Instituto que pasa por ser la organización más antigua, con más de medio siglo de Historia desde su fundación en Nueva York, en 1950, y una de las más importantes del mundo, con miles de asociados en más de ciento veinte países, acredita ya, y a pesar de su juventud, una larga experiencia como experto en libertad de expresión, como director adjunto del IPI durante varios años y, también, como director de la revista “World Press Freedom Review”. El IPI en esta nueva etapa que protagonizará Dadge insiste con renovada fuerza en sus principios de siempre: el fomento y la protección de la libertad de Prensa, el apoyo a la libre circulación de información, la mejora de métodos y medios para el ejercicio del periodismo y el conocimiento entre periodistas de todo el mundo como fórmula eficaz para mejorar el entendimiento entre los pueblos.
Cargado de buenas intenciones y con el sereno dinamismo que emana de su prometedora aunque ya muy experimentada juventud, conocí de boca del propio Dadge sus proyectos de expansión de la organización, de cara a que el IPI sea, más que nunca, y con sus propias palabras, “un apoyo firme para las personas que se enfrentan a persecuciones, violencia e incluso al riesgo de muerte simplemente por ejercer su profesión de informadores”.
David Dadge, nuevo director del IPI.
Informadores muertos Y tanto. Uno de los portales más conocidos y llamativos de Internet en cuanto a libertad de Prensa se refiere es la sección “The IPI Death Watch” de su página web (www.freemedia.at) que recoge, día a día, los nombres y circunstancias de los periodistas caídos en todo el mundo en el ejercicio de su misión profesional, todo un macabro goteo de víctimas, visto por algunos con la misma resignada indiferencia con la que contemplan las tremendas actas de la Dirección General de Tráfico al contabilizar los muertos en carretera tras cualquier Operación Salida. En el pasado año 2007 el IPI contabilizó en su “Death Watch” un escalofriante guarismo: 91 periodistas asesinados en todo el mundo, con el protagonismo en el macabro “cuadro de honor” de Irak, con 42 informadores caídos, seguido de Somalia (7) y Pakistán (6). En lo que va del año 2008, hasta mediados de marzo, ya eran tres los periodistas asesinados: C. Thomassen, un joven corresponsal noruego caído en Afganistán; B. Shrestha, editor de un periódico local nepalí, y el último hasta ahora, Abdul ab Iqabi, periodista iraquí asesinado a tiros en Bagdad por un pistolero desconocido. Pronto tendrá ocasión David Dadge de enfrentarse a su primer gran reto, que no es asunto menor.
El próximo 57 Congreso Mundial del IPI se celebrará, a pesar de la crítica situación que vive el país, en Belgrado, la capital de Serbia, que pasa por momentos especialmente críticos y delicados a causa de la crisis de Kosovo y su proceso de independencia de Serbia apoyado por Estados Unidos y –quizás menos entendible, dados los debates suscitados en su seno– por la Unión Europea.
También ha visitado Madrid el neoyorquino Committee to Protect Journalists (Comité para la Protección de Periodistas, CPJ por sus siglas en inglés, organización a la que también me honro en pertenecer), con el fin de presentar en España los informes más recientes de esta organización neoyorkina, una de las más combativas a la hora de la denuncia del mundo. Uno de sus directivos, Carlos Lauría, habló de un asunto y un país que son recurrentes en todos los organismos que se ocupan en el mundo de defender la libertad de Prensa y expresión: Cuba, la dictadura cubana, sus presidios repletos de periodistas, escritores e intelectuales. Pronto tendremos que hablar de España también, donde la situación de la libertad de Prensa no es precisamente idílica. |