| Pocas de las jaculatorias y consignas más coreadas –ese juego algo infantiloide de los gritos coordinados lanzados desde las manifas, “Se nota, se siente / quien sea está presente” y demás– de los más turbulentos años de la Transición, de las estribaciones de la pre Transición, convienen tan ajustadamente al personaje que en esta ocasión ocupa el escaño de los conversadores de LEER como el epígrafe que encabeza estas líneas.
Su peripecia, su singladura vital es la de uno de esos gloriosos fracasados que armados de la Razón –el infierno está empedrado de gentes que tenían razón– sucumbieron ante el abrumador ‘tsunami’ de la razón de Estado, que, desde sus inicios, fue diseñada, guiada y teledirigida desde distantes, remotos despachos al otro lado del Atlántico, desde algun ‘desk’ enigmático del Departamento de Estado y aledaños, bien coordinados con el dócil contrapunto europeo de la socialdemocracia alemana, tan ‘estadodelbienestar’, tan rabiosamente anticomunista. Y, si se dice anticomunista, qué decir del comunismo libertario, de la Idea, del irredento, nostálgico anarquismo ibérico, tan aterrador para las mentes de orden, tan heterodoxo y disolvente, tan subversivo (...)
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