El fallecimiento del filólogo, medievalista y académico Ramón Menéndez Pidal en noviembre de 1968, cuando le restaban tan sólo unos meses para cumplir los cien años, suscitó una de esas frases ciertamente ingeniosas que permanecen en el recuerdo de mucha gente y que se atribuye a los reflejos de gran conversador y a la agudeza que caracterizan al escritor Antonio Gala: “Menéndez Pidal murió de un infarto de Mio Cid”. |